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domingo, 30 de junio de 2013

¿Donde está escrito?

A la escuela llegan niños golpeados o accidentados y la maestra debe curarlos. Esto no figura en la planificación anual pero en prioritario. La maestra los tiene que curar. Niños que llegan a la escuela con dolor de cabeza y de panza porque están alimentados deficientemente, o directamente por no haber comido.
La maestra debe dejar los objetivos pedagógicos y buscarles alimento. Y hay más. La maestra, asimismo, debe darles el afecto y la atención que estos niños no reciben en sus casas, esas casas que muchas veces están muy lejos de ser lugares de protección y de contención y mucho menos de presencia de límites.
Los padres y las madres de estas familias son, generalmente, víctimas del abandono social. De niños sufrieron ellos mismos la exclusión y sus padres –los abuelos de los actuales educandos- también sufrieron la misma situación. La exclusión se repitió de generación en generación y los condimentos son similares: desocupación, adicciones, delincuencia.

El niño llega a la escuela y descarga esa pesada mochila llena de violencias. Allí están la falta de atención en las clases, la falta de reconocimiento y respuesta adecuada a los límites, los cambios bruscos de comportamiento. Esta aparente “falta de respeto” hacia toda la comunidad educativa tiene su génesis en este contexto.